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Categoría: Religión
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La enfermedad de la queja

La queja se define como manifestación de disconformidad con algo o con alguien’. Junto con la queja van otras manifestaciones parecidas, como la murmuración y la crítica. La murmuración se define como “hablar entre dientes manifestando queja o disgusto por alguna cosa”, mientras que la crítica nos da la idea “censura de las acciones o la conducta de alguno”.

La queja, la murmuración y la crítica son reacciones procedentes de la rebeldía y del egoísmo del hombre que no tolera las palabras o las acciones de otros, porque cree que le dañan o simplemente no están de acuerdo con su modo de pensar y de hacer. Cuando se produce la queja hay una motivación exterior que actúa sobre las emociones del hombre, pero son estas las que dan poder y forma a la queja, es una enfermedad de la humanidad que pasa de generación en generación sin necesidad de cuidados ni atenciones especiales.

La queja y la crítica se fabrican en el corazón lo mismo que las tormentas en las alturas. Y, como las tormentas, puede permanecer amenazadora o puede desatarse en forma de truenos, rayos, lluvia o granizo. Cuando la queja queda en el corazón sólo hace daño a quien la ha alimentado y la ha sostenido; pero cuando se descarga a través de la lengua, sus efectos pueden ser devastadores e irreparables, porque puede destruir y llevarse por delante todo lo que encuentre. Las palabras vuelan y, una vez que han empezado el vuelo son ya incontrolables. Por eso, no tiene que sorprendernos el hecho de que la Palabra de Dios tenga desde siempre juicios tan duros para el mal uso de la lengua.

Para la queja y la crítica hay un remedio natural que consiste en reducir a silencio los impulsos interiores; otro remedio, de condición sobrenatural, es una ayuda que nos viene de Dios por medio de su Espíritu, y se traduce en el dominio de sí y alabanza a Dios desde la fe, porque creemos que él está presente en todo y sus razones tiene para permitir la situación de la que nos quejamos.

Si fuéramos capaces de vivir el amor “que todo lo perdona” (Cor. 13,17) la crítica se habría quedado sin el caldo de cultivo del egoísmo, que es lo contrario al amor y fuente de toda queja.

 

Autor: Lic. René Chávez Deníz